Javier Pelayo en GoFranquicia

jueves 4 de marzo de 2010

El síndrome Mushambwani, Blasa y Beyoncé

Por F. Javier Pelayo

Seguramente recuerdan ustedes al nadador de raza negra que hace tres Olimpíadas representó a Guinea y que casi se ahoga. Su nombre es Mushambwani (o algo parecido). Me viene a la memoria, porque esta semana estoy especialmente “sensible” con estas cosas. Leo muchas palabras vacuas de empresas que presumen de ser el número uno, el mejor, alardean de experiencia, de liderazgo, y son a una empresa seria lo que Blasa a Beyoncé.

Cuando una empresa dice que es el número uno, ha de serlo en algo. Cuando uno afirma que es mejor que alguien, tiene que ser capaz de demostrarlo, o de lo contrario, le pasará lo que al ilustre nadador, que no solo tarda en llegar el triple que los demás, pareciendo que cada paso que da es el último para evitar ahogarse, sino que al final convierte la competición –de algo tan serio como es una Olimpíada- en una mañana de domingo en la piscina del pueblo. Menos mal que las Olimpíadas ya son conocidas por su categoría, prestigio y trayectoria, porque si no, con estas cosas, acabarían como Eurovisión.

Haciendo referencia a tan magnífica artista, me he preguntado muchas veces - y les sugiero la reflexión- por qué alguien como Beyoncé es número uno mundial, y la respuesta es contundente. La empresa Beyoncé tiene una estructura corporativa optimizada, ( o no?) formación continua, un excelente producto, diversificado en varios mercados, como el cine y la música, alianzas estratégicas con Destiny’s Child o Shakira y un departamento de marketing y comunicación internacional muy activo. Crea tendencias , busca cada día una nueva oportunidad. Ni que decir tiene que el Packaging es impresionante.

La empresa Blasa, en este caso, es la que se hincha a decir que canta bien, cantando mal, no tiene estructura, o si la tiene es bastante cortita, el producto es malo y solo sabe copiar, ve sólo por un ojo- el que la interesa- y sus alianzas estratégicas son el bastón y Punset. Su mercado, la comarca de al lado. Para ella lo importante es la taima, el cortoplacismo .No menciono el Packaging. Pero como ella misma diría, “tiene que haber de todo en la viña del señor…” Eso sí, una vez la escuché hablar de la Vía Láctea. Como a algún otro. “Sabiendo lo que dice.”

Lo malo, es que en todos los sectores del comercio hay Mushambwanis, Blasas y Beyoncés. Y los que no son marean al mercado, generan desconcierto y al final, como es lógico, más vale arrimarse a Beyoncé que a Blasa o Mushambwani. Y aquí cada uno tiene que asumir la responsabilidad de discernir y sin equivocarse, si lo que tiene delante es lo que quiere tener. Menos mal que el ser humano es inteligente, y a los “Chanteurs de la matin” se les ve a lo lejos.

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martes 23 de febrero de 2010

Lo que te lleva al final son tus pasos, no el camino...

Por F. Javier Pelayo

No pasa un solo día que no me quede pensativo con contundencias como esta. Y siempre tiendo a arrimarla a mi oficio. En este caso no es de Séneca, es de Fito, y lleva más sabiduría que algunos de los libros de negocios que he leído.

Las decisiones empresariales son los pasos, y el camino es el que nos indica dónde está el norte del éxito. Claro que nadie nos ha dicho que el camino cambia –haya riadas o no-, que cada vez más los cruces de caminos están señalizados en varios idiomas, que hay viajeros, bonhomías, maleantes, recaudadores de impuestos, samaritanos, y mucho, mucho bache. Incluso algunos tan grandes y ocultos como el que se zampó Carlos Sainz en el París Dakar argentino.

Por esa razón, a cada éxito le rondan mil fracasos, y al final aprendemos la lección: “Los pasos los doy yo, pero con alguien que sepa al lado”. Así se ha hecho en casi todos los ámbitos de la vida, salvo en el de la Franquicia, que…como parece tan sencillo….

La Franquicia es un sistema, un modo de hacer negocios que, bien hecho, puede ser el catalizador de nuestra vida empresarial, y ayudarnos a dar los pasos bien dados. ¿A que visto así no parece tan difícil ser empresario? Pues menos lamentos y más acción, que las dificultades están ahí para todos. No se puede ser especialista en todo, por eso las empresas tienen técnicos, financieros, comerciales... Pero sí se debe ser valiente, avezado, y como los buenos abogados, tener intuición y saber dónde buscar la información.

Por eso , y vuelvo a recordar la frase de otro: “Prepárate de más y luego lánzate al río".

Por esa razón, amigo emprendedor, comienza el camino dando pasos firmes, conscientes, pero dálos.

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viernes 12 de febrero de 2010

No vayas a más velocidad de la que pueda ir tu ángel de la guarda

por Javier Pelayo

Refrán de los que disfrutan yendo en moto, como es mi caso, y que tienen dos dedos de frente. En mi caso son más, y no por vocación, ya se pueden imaginar.

Me viene a la cabeza este refrán, porque en mis pocos más de 20 años de experiencia en este sector, es algo que siempre me ha parecido de una lógica aplastante, y sin embargo, es algo que casi nunca se tiene en cuenta. A ver, mi querido interesado en montar un negocio en general , no solo en franquicia, si tiene usted 30.000 euros, no puede (o no debería) montar un negocio de 300.000 euros, fondo de maniobra aparte. El riesgo lo debe de medir el tomante, y no el dante, puesto que el modo de verlo siempre va a ser distinto, y en todo caso, no es lo mismo. Las marcas profesionales, con sus Directores de Expansión profesionales a la cabeza, miran mucho estas cosas, y evitan muchos males mayores. Desde aquí les quiero recomendar para el Oscar, porque en los tiempos que corren, mantener la honra sin que se hunda la hacienda ( que diría Aguila Roja) es cosa rara. Y rara vez aceptan un candidato que no cumpla con los requisitos de perfil, capacidad y motivación.

Por eso casi siempre salen adelante los negocios franquiciados. Ahora bien, si tenemos en consideración que el inversor es un bien escaso, y que los costes de identificación, selección y análisis son cada vez mayores, todo esto para que encima, una vez aceptado, resulte que se pierde el local, o la competencia se adelanta y hay que volver a empezar, con la enorme posibilidad de que el inversor que nos gusta mucho se desenamore o directamente lo deje para mejor ocasión, hay que tener muy bien organizada la cosa para que no se evaporen los resultados. Alguien podrá pensar que aquí es donde entra la cuña publicitaria de Crescenda: “Llegamos donde las marcas no llegan”, pero igual se me enfadan los del “Montero” .

En fin, amigos, los que toman el riesgo, no vayan más rápido que su Angel de la Guarda.
Ni más despacio tampoco, o verán como una nueva clase emergente, la de los emprendedores, les adelanta, unas veces al “galope” y otras al “trote cochinero”, mientras se lamen las heridas del despido o del ERE.

Permítanme ser inmisericorde con los inmovilistas, que conozco a algunos, que en vez de poner a proa su realidad y hacerle frente, se están comiendo la liquidación, y tendrán que ponerse a popa de los que fueron valientes en el momento en que tenían que serlo. Es que no hay otra.

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martes 2 de febrero de 2010

No es tan complicado…

por F. Javier Pelayo

Cada vez esto me recuerda más a la película Blade Runner, por lo de los dos mundos. Hay uno que trabaja y otro que no. Y parece que esa división es la que va a estar con nosotros unos cuantos años. Hemos pasado de la Revolución industrial a la Sociedad de la información, y ahora estamos de lleno en la Sociedad del “NINI”.

Ni estudio, ni trabajo.

Pues bien, señores, hagamos memoria, como en Cuéntame. En los años 60’s, no había casi multinacionales en España, y muy pocos titulados superiores. Entonces, la gente entraba de aprendiz, de meritorio, en fin, de Dependiente. Pasados unos años, cuando ya sabía la práctica del negocio, o del puesto, en caso de que fuera una industria, se hacía Independiente. Es decir, montaba su negocio, pequeño, pero con ilusión, contenido y experiencia suficiente como para que funcionara, siempre y cuando se echaran las 12 horas necesarias. Así durante años. Y al final de su vida profesional, con 60 años, más o menos, traspasaba el local y se jubilaba. Entretanto, había disfrutado de su negocio, había comprado casa, ahorrado dinero, y mantenido a su familia.

Esa era la clase media en España. Al banco se iba a ingresar, no a pedir dinero. Los intereses al 20%. Y el resto eran unos pocos Abogados o Ingenieros. O campesinos. O funcionarios.

Ayer vi un error en el diario El País. Hablaba de 4.326.500 problemas. No estoy de acuerdo. El problema es uno, a lo sumo dos. Si no hay multinacionales, ni industria, ni bancos…. Pues volvamos a emprender. Volvamos a creer en nosotros mismos. Empecemos a ser Independientes, a tomar las riendas de nuestra vida. Y si no tenemos edad para ser meritorios, miremos a ver qué franquicia podemos optar, cuál se adapta a nuestro perfil, a nuestras necesidades. A nuestra capacidad económica. Y si no sabemos por dónde empezar, una llamada a Crescenda puede resolver bastantes de estas dudas. Y no cuesta.

Se han parado a pensar que el hoy hombre más rápido del mundo, Hussain Bolt, fue a gatas, empezó a andar pasito a pasito, y a fuerza de entrenamiento y lucha ahí lo tienen.

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