El síndrome Mushambwani, Blasa y Beyoncé
Seguramente recuerdan ustedes al nadador de raza negra que hace tres Olimpíadas representó a Guinea y que casi se ahoga. Su nombre es Mushambwani (o algo parecido). Me viene a la memoria, porque esta semana estoy especialmente “sensible” con estas cosas. Leo muchas palabras vacuas de empresas que presumen de ser el número uno, el mejor, alardean de experiencia, de liderazgo, y son a una empresa seria lo que Blasa a Beyoncé.
Cuando una empresa dice que es el número uno, ha de serlo en algo. Cuando uno afirma que es mejor que alguien, tiene que ser capaz de demostrarlo, o de lo contrario, le pasará lo que al ilustre nadador, que no solo tarda en llegar el triple que los demás, pareciendo que cada paso que da es el último para evitar ahogarse, sino que al final convierte la competición –de algo tan serio como es una Olimpíada- en una mañana de domingo en la piscina del pueblo. Menos mal que las Olimpíadas ya son conocidas por su categoría, prestigio y trayectoria, porque si no, con estas cosas, acabarían como Eurovisión.
Haciendo referencia a tan magnífica artista, me he preguntado muchas veces - y les sugiero la reflexión- por qué alguien como Beyoncé es número uno mundial, y la respuesta es contundente. La empresa Beyoncé tiene una estructura corporativa optimizada, ( o no?) formación continua, un excelente producto, diversificado en varios mercados, como el cine y la música, alianzas estratégicas con Destiny’s Child o Shakira y un departamento de marketing y comunicación internacional muy activo. Crea tendencias , busca cada día una nueva oportunidad. Ni que decir tiene que el Packaging es impresionante.
La empresa Blasa, en este caso, es la que se hincha a decir que canta bien, cantando mal, no tiene estructura, o si la tiene es bastante cortita, el producto es malo y solo sabe copiar, ve sólo por un ojo- el que la interesa- y sus alianzas estratégicas son el bastón y Punset. Su mercado, la comarca de al lado. Para ella lo importante es la taima, el cortoplacismo .No menciono el Packaging. Pero como ella misma diría, “tiene que haber de todo en la viña del señor…” Eso sí, una vez la escuché hablar de la Vía Láctea. Como a algún otro. “Sabiendo lo que dice.”
Lo malo, es que en todos los sectores del comercio hay Mushambwanis, Blasas y Beyoncés. Y los que no son marean al mercado, generan desconcierto y al final, como es lógico, más vale arrimarse a Beyoncé que a Blasa o Mushambwani. Y aquí cada uno tiene que asumir la responsabilidad de discernir y sin equivocarse, si lo que tiene delante es lo que quiere tener. Menos mal que el ser humano es inteligente, y a los “Chanteurs de la matin” se les ve a lo lejos.
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